Frío, Tibio o Caliente: Una Reflexión

Nunca en mi vida había examinado lo que esas palabras significaban para Dios. Había leído el versículo de la biblia que dice “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:16), sin ponerme a pensar lo que cada estado significa ante los ojos de Dios.

La persona que se encuentra en el estado “frío”, es la que no distingue entre lo bueno ni lo malo (2 Corintios 4:4). Son las personas que no han conocido a Dios o tal vez lo han conocido pero ya no sienten nada; nada los toca. A tales, tampoco les interesa cambiar su estilo de vida; se sienten bien dónde y cómo están. A ellos no se les puede llamar Cristianos – son impíos. Me dio tanta alegría cuando escuché tal definición en el re-encuentro que acabamos de tener en la iglesia. ¿Por qué me alegré? Podrías preguntarte. Lo hice porque eso significaba que yo no estaba entre los fríos pues yo sí creo en Dios, le he entregado mi vida completa a Él  y estoy dispuesta a cambiar lo que no le guste para servirle mejor.

El problema empezó cuando el conferencista dio la definición de la persona en estado “tibio”. Allí es donde la mayoría de iglesias tienen problemas con sus miembros. La persona tibia es la que se interesa más por la carne y no el Espíritu (Romanos 8:5). Tales personas conocen a Dios pero no lo involucran en sus vidas; hacen todo con sus propias fuerzas. Los tibios sufren porque saben lo que tienen que hacer pero no lo hacen pues tienen su propia agenda. La prioridad de esas personas no es Dios sino su propio ego; creen que pueden servir a Dios sin tener que rendir algunas aéreas de sus vidas. Ahí es donde muchos cristianos nos encontramos – en el peor estado. Dios prefiere que seamos fríos a que seamos tibios; aborrece la tibieza a tal grado que hasta le causa náuseas. En esa conferencia decidí no enfermar más a Dios con mi vida. Todos los cristianos tenemos que aborrecer el estado tibio. Debemos acercarnos más a Él para que nos dé de su calor y podamos ser “calientes”. Así podremos agradarlo y trabajar como a Él le agrada.

¿Cómo es el cristiano caliente? Según el conferencista, el estado “caliente” consiste en el deseo de cuidar los intereses de Dios. Tal persona pone a Dios en primer lugar y su ego en el último lugar. Los cristianos calientes se dejan guiar por el Espíritu Santo. Caminan con sus pies sobre la tierra, pero con sus ojos en Dios; quieren ser como Jesús. De esa clase de cristianos es que anhelo ser; quiero tener los mismos intereses que Dios. Quiero tener la agenda de Jesús – ganar almas. Quiero que Dios cambie y controle todas las áreas de mi vida; quiero que el Alfarero haga su trabajo en mí para yo poder hacer lo que Él me encomendó “id y haced discípulos…” ¡Si todos los cristianos estuviéramos calientes, ya hubiéramos ganado países enteros para Cristo!

Ahora, pregúntate ¿Cuál es tu estado? ¿Eres frio, tibio o caliente? Si eres frio, acepta a Jesús, entrégate por completo a Él y déjalo que transforme tu ser. Si eres tibio, preocúpate y pídele perdón a Dios por causarle náuseas. Si eres caliente, ¡Gloria a Dios! Sigue así y brillarás como las estrellas del cielo.

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